Le Corde Sensible. Magritte

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Le Corde Sensible. Magritte, 1960
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domingo, 8 de febrero de 2015

¿Te ayuda tu mente a ir hacia la vida que quieres?


¿Te ha pasado alguna vez que tenías un plan, un proyecto, algo que querías hacer, una oportunidad profesional o personal, y has dejado de hacerlo porque te ha surgido el pensamiento de “seguro que no sale bien”, “no vas a poder”, “total para qué arriesgarse”, “hay muchos mejores que yo”…y te has paralizado? Si es así, no eres la única persona a la que le pasa.
Imagen tomada de runningexperience
Nuestra mente es una “máquina”, cuyo principal trabajo es crear pensamientos, al igual que la función del corazón es latir, haciendo circular la sangre. Eso es lo que hacen las mentes, crear y emitir pensamientos  – constantemente, implacablemente. Algunos pensamientos tienen sentido; otros no. Algunos pensamientos resuelven problemas. Algunos nos paralizan de miedo. Algunos nos ayudan a pilotar el barco. Algunos nos hunden la moral e impiden que vayamos hacia la vida que deseamos. Nuestros pensamientos pueden tener una cualidad automática, induciéndonos sentimientos de miedo, pérdida, ira o falta de valía. Y nos “pegamos”  tanto a nuestros pensamientos que parecen reales y nos llevan a hacer cosas que crean aún más malestar.

Nuestros pensamientos existen sólo en un momento en el tiempo, sólo en las sinapsis del cerebro. Aunque son menos reales que un “culebrón”, los tratamos como si fueran hechos comprobados. Creemos todo lo que pensamos, y a veces eso nos “bloquea” la vida, hace que no avancemos hacia la vida que queremos.

Muchas veces nos planteamos entonces "luchar, discutir con el pensamiento, para cambiarlo". Las más vanguardistas investigaciones sobre el tema indican que esto es, frecuentemente, inútil, e incluso puede ser contraproducente. Muchas veces, cuanto más intentas no pensar en algo, o cambiarlo, más se "agarra" el pensamiento a tu cabeza.

Imagen tomada de Runfitners
La buena noticia es que se puede aprender a observar nuestros pensamientos con distancia, no “creyéndoselo”, y con interés, no involucrándose. Cuando dejas de creer todo lo que piensas, puedes elegir tus acciones de acuerdo a aquello que es importante para ti.

¿Y cómo se puede hacer eso? Evidentemente no es fácil, se requiere práctica y técnicas, pero se puede hacer.
1.- El primer paso es observar a los pensamientos que te bloquean “como si fueras un científico”. Si un científico pudiera escuchar a tu mente, cuando te está diciendo “No vas a poder”, el científico anotaría “Su mente le dice “no vas a poder”. Bien, ese sería un buen comienzo. En lugar de dejarte “secuestrar” por el pensamiento, obsérvalo, “mi mente me dice “no vas a poder”, o “estoy teniendo el pensamiento de “no vas a poder”. Saluda al pensamiento.

2.- Pregúntate: Este pensamiento, ¿me ayuda a ir hacia la vida que quiero vivir? No si tiene razón o no, (entonces seguimos secuestrados discutiendo con ellos), si no si va HACIA la vida que quiero.

3.- Si te ayuda a ir hacia la vida que quieres vivir, ACTUA.

4.- Si no te ayuda a ir a hacia la vida que quieres vivir, no luches contra el pensamiento; déjalo estar, distanciate con él, (imagina que es la radio, por ejemplo)y, teniendo el pensamiento, ACTUA igualmente hacia la vida que quieres vivir.

Hay varias formas de poner distancia con los pensamientos, como por ejemplo técnicas de mindfulness. En próximas entradas propondré algunas técnicas que pueden ayudar a gestionar esos pensamientos sin que te bloqueen el camino hacia la vida que deseas.
Imagen tomada de www.ronaldvasquez.com
Te propongo que, de momento, empieces a practicar escucharlos “como un científico”, sin creer automáticamente todo lo que te cuentan, especialmente aquellos que te alejan del camino de la vida que quieres vivir, diciendo “Mi mente me dice que…” o “estoy teniendo el pensamiento de…” Lo realmente importante es dar el paso, y aunque sea pequeño... hasta el viaje más largo empieza con el primer paso.

(Parte del texto adaptado de los libros “La trampa de la felicidad” y “Leave your mind behind")

domingo, 18 de enero de 2015

Sugerencias para reducir el estrés: ¿Cuánto marca tu "quejómetro"?



La situación económica actual es mejorable, claramente. Muchos políticos han dado muestras de corrupción. Nuestra pareja nunca deja las cosas en su sitio, o habla demasiado, o demasiado poco... Nuestro jefe es un cretino, por definición, y hace las cosas muy mal. Ese compañero es un trepa, o un chivato, o un pelmazo, y no "debería" comportarse como lo hace. Esa pareja amiga educa fatal a sus hijos. El vecino aparca siempre inadecuadamente en el garaje...
¿De cuántas cosas podemos quejarnos al cabo del día? ¿Te has parado a pensar cuánto tiempo y energía invertimos en quejarnos de cosas sobre las que no tenemos ningún control?

Hay muchas cosas sobre las que no tenemos capacidad de influencia, por más vueltas que les demos. Por mucha razón que tengamos, y por injusta que nos parezca la vida,  "lo que é, é". Sé que, cuando no se puede hacer nada, quejarse alivia mucho. Y es verdad que a veces es útil desahogarse... una vez, dos veces... pero a la tercera ya puntúa alto en el “quejómetro”, y empieza a ser un desgaste de tiempo y energía que podríamos invertir en otra cosa. Si no hay forma de solucionar el asunto, es decir, si quejarse no sirve para resolver el problema, altas puntuaciones en el "quejómetro"  incrementan mucho los niveles de estrés, por el gasto de energía que supone y la cantidad de atención que se le dedica a algo que no va a tener resultados.

Si tu puntuación en el "quejómetro" es elevada, puedes aplicar lo que ya recomendaba Sócrates en el siglo V a. C:
Un día, el gran filósofo se encontró con un conocido, que le dijo muy excitado:
- "Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír de uno de tus alumnos?"
- "Un momento" respondió Sócrates. "Antes de decirme nada me gustaría que pasaras una pequeña prueba. Se llama la prueba del triple filtro"?
- "¿Triple filtro?"?
"Eso es", continuó Sócrates. "Antes de contarme lo que sea sobre mí alumno, es una buena idea pensarlo un poco y filtrar lo que vayas a decirme. El primer filtro es el de la Verdad. ¿Estás completamente seguro que lo que vas a decirme es cierto?
- "No, me acabo de enterar y..."?
- "Bien", dijo Sócrates. "Así que no sabes si es cierto lo que quieres contarme. Veamos el segundo filtro, que es el de la Bondad.
¿Vas a contarme algo bueno de mi alumno?"
- "No. Todo lo contrario..."?
- "Con que" le interrumpió Sócrates, "quieres contarme algo malo de él, que no sabes siquiera si es cierto. Aún puedes pasar la prueba, pues queda un tercer filtro: el filtro de la Utilidad. ¿Me va a ser útil esto que me quieres contar de mi alumno?"
"No. No mucho."
- "Por lo tanto" concluyó Sócrates, "si lo que quieres contarme puede no ser cierto, no es bueno, ni es útil, ¿para qué contarlo?“ 

Así que, antes de contar o escuchar algo sobre alguien o algo, aplica el triple filtro; si no cumple  los tres, por ejemplo, si es cierto, pero no es bueno ni es útil (sobre todo esto último)...a lo mejor no merece la pena invertir atención, tiempo y energía en ello.
Te propongo que, en los próximos días, observes cuánto marca tu “quejómetro” e intentes reducirlo. Tus niveles de estrés lo agradecerán. Lo realmente importante es dar el paso, y aunque sea pequeño... hasta el viaje más largo empieza con el primer paso.

sábado, 20 de diciembre de 2014

¿Feliz Navidad? Sugerencias para "sobrevivir" a estas fiestas y no morir en el intento



Hay personas a las que les encantan estas fiestas. A otras, les dan igual; a otras muchas, realmente no les gustan… El caso es que las fiestas, la “Navidad”, está aquí, y hay que vivirlas de alguna manera.

Algo que llama la atención es que el mero hecho de que nos deseen “Felices Fiestas”, o “Feliz Navidad”, a veces desencadena todo un debate dentro de nuestra cabeza; el hecho de “tener la obligación” de ser feliz hace que nuestra mente se pone a intentar “validar”, o no, esa “felicidad”; e, incluso, se ponga a buscar argumentos a favor…o en contra. “¿Feliz?” puede decirnos “¿Feliz teniendo que aguantar a mi cuñado/suegra/hermano/amigo el pelma?¿Feliz gastando sin parar? ¿con el estrés de ir corriendo de un lado para otro? ¿pensando regalos, algunos estúpidos y por cumplir?”… En lugar de entrar en desigual batalla con nuestra mente, pueden ser útiles estas sugerencias para vivirlas mejor:

1.- Sientate unos momentos a reflexionar y busca una "brújula" para guiar tu conducta y elegir en qué inviertes la energía en estas fechas. Piensa en lo que es realmente importante para tí en la vida ¿Tu familia? ¿Tu pareja? ¿Tus hijos? ¿Tus amigos? ¿El trabajo? ¿Lo que piensen los demás? Puede ayudarte seleccionar tres aspectos (de esos u otros que te importen) y focalizar tu energía y actividades en ellos, en vez de dispersarte con "lo que hay que hacer" y "lo que te demanda el entorno".

2.- Planifica tus compras, escalona los gastos, y “resiste” el impulso de gastar demasiado: Aquí puedes encontrar unos consejos en este sentido. 

3.- Si vas a algún evento o celebración, que sea, o bien porque te apetece realmente, o bien porque ELIGES ir, porque está en el camino de la persona que quieres ser (¿la pareja que quieres ser acompaña a su compañero/a con la familia política, aunque no tenga ganas? ¿El amigo que quieres ser va a esa cena/juerga aunque no te apetezca mucho?); si no hay más remedio que ir, al menos puedes negociar limitar el tiempo de estancia.

4.- Evita las discusiones inútiles: Hay personas que sólo se ven en estas fechas, personas con las que no se coincide en valores, opiniones, o “rencillas pasadas”, y en muchos casos se producen auténticas batallas campales. Antes de entrar en guerra, reflexiona ¿realmente merece la pena entrar en discusiones bizantinas que no llevan a ninguna parte, más allá de un desahogo puntual? Si crees que no merece la pena, lo mejor es tratar de controlar la propia conducta: no saques temas polémicos, y si alguien te “provoca”, no respondas ni “entres al trapo”; intenta cambiar de tema o retirarte un momento “al baño” o “a buscar algo a la cocina”, lo suficiente para tener tiempo para reflexionar y controlar tu conducta. Las personas que te importan y tu mismo lo agradecereis.


5.- Céntrate en el Presente: Es la única manera de VIVIR.... lo pasado ya no está y el futuro aún no ha llegado. Deja todo preparado para poder vivir la situación concreta, en la que puedes estar con las personas que te importan. Muchas veces estamos tan pendientes de que “todo salga bien”… ¡que para cuando queremos darnos cuenta, la situación ha pasado! Lo importante es vivir la celebración de acuerdo a lo que es importante para cada uno de nosotros.

6.- Hay una silla vacía: Es imposible no recordar a los que no están, bien porque han fallecido (aquí puedes encontrar unos consejos para esa situación), o bien porque ya no están en nuestra vida; lo que sí podemos hacer es focalizar en las sillas que están llenas, y en hacer cosas que vayan en línea con la vida que deseamos construir a futuro.


6 - Por último, si odias estas fiestas, y celebrarlas no está en el camino de la persona (pareja/padre o madre/hijo-a/amigo-a) que quieres ser, no olvides que no es "obligatorio" celebrarlas...¿Cómo? Si te es posible, viaja a un destino donde no se celebre tanto; también puedes quedarte en una casa "libre de Navidades" y aprovechar para ver esas pelis, leer ese libro o terminar ese puzzle que siempre quisiste hacer y nunca haces.

En cualquier caso, ocúpate de controlar lo que puedas controlar, y lo que no… mejor aparcarlo y seguir centrándote en hacer cosas que te lleven hacia la vida que quieres.


Lo realmente importante es ELEGIR como te quieres comportar en estas fiestas... y dar el paso siguiente, aunque sea pequeño... hasta el viaje más largo empieza con el primer paso... 

¡Te deseo que tengas las Fiestas que elijas vivir!

domingo, 30 de noviembre de 2014

¿Mi nivel de estrés es "lo normal", o necesitaría reducirlo?



Como vimos en la entrada anterior, el estrés no es necesariamente malo; sólo es perjudicial para la salud cuando es excesivo por su intensidad, su frecuencia o su duración.


Lo malo, como también vimos, es que, con frecuencia, el estrés elevado se mantiene en el tiempo, por lo que nos acostumbramos a ese estado, muchas veces ni siquiera nos damos cuenta el nivel de estrés que llevamos. Aquí se puede aplicar muy bien el "síndrome de la rana cocida":  si ponemos una rana en agua hirviendo, esta saltará; sin embargo, si ponemos a la rana en agua fría y la vamos calentando poco a poco, se cocerá sin darse ni cuenta.



¿Cómo saber, entonces, si mi nivel de estrés es excesivo? La segregación excesiva de las hormonas del estrés, el cortisol y la adrenalina, presentan una serie de indicadores que se presentan en cuatro niveles: físico, cognitivo (pensamientos), psicológico, y conductual. Eso sí, con dos condiciones: tienen que tener una duración continuada en el tiempo (más de 3 meses), no han estado siempre en tu vida, Y no se explican por que haya una causa física, situación concreta temporal o enfermedad previamente identificadas.



1.- A nivel físico, pueden aparecer aspectos como: el insomnio (tanto dificultad para conciliar el sueño como despertar demasiado pronto), pesadillas frecuentes, sensación de opresión en el pecho, tensión muscular y/o contracturas frecuentes, bruxismo (apretar los dientes), palpitaciones ocasionales, cefalea tensional, tensión arterial elevada, falta o aumento de apetito, problemas digestivos (estreñimiento o diarrea, dolores de estómago, malas digestiones ...), cansancio y fatiga continuos, dolores físicos, mareos, etc. Y otros aspectos que los médicos indiquen no tienen causa fisiológica detectada.



2.- A nivel cognitivo o mental: pueden aparecer dificultades de concentración y memoria, o una mayor dificultad para tomar decisiones, mayor proporción de pensamientos negativos o catastróficos, "rumiaciones" (dar vueltas a las mismas cosas sin que aparezcan soluciones), sensación de lentitud de pensamiento, etc.


3.- A nivel psicológico; puede aparecer irritabilidad, cambios bruscos de personalidad y/o de humor, empeoramiento de las relaciones con otros (tanto laborales, familiares y/o con amigos); tristeza y/o bajo estado de ánimo continuo, ganas de llorar, gritar, golpear o insultar;  falta de interés/disfrute por cosas que antes sí interesaban o se disfrutaban, sensaciones frecuentes de miedo y/o ansiedad,  sensación de inquietud... 

4.- A nivel de conducta: podemos encontrar: Moverse constantemente, tics nerviosos, rechinar los dientes, morderse las uñas o los "padrastros", risa nerviosa, problemas sexuales, comer en exceso o dejar de hacerlo; beber o fumar con mayor frecuencia; incremento de compras no necesarias, dormir en exceso o demasiado poco, estallidos de ira y broncas frecuentes.



Si presentas al menos tres de los indicadores anteriores, ha llegado el momento de plantearse que tus niveles de estrés son excesivos y, por tanto, pueden ser perjudiciales para la salud. El primer paso para resolver un problema es reconocerlo y definirlo; el siguiente es buscar recursos para solucionarlo; en siguientes entradas, como dije, ofreceré sugerencias que pueden ayudar a reducir los niveles de estrés hasta niveles óptimos.



Sin embargo, si presentas bastantes de los indicadores anteriores, o la intensidad/frecuencia de los que presentas están dificultando o incapacitando el desarrollo normal de tu vida, bien a nivel de salud, trabajo, proyectos o relaciones con otros, probablemente sea aconsejable que recurras a un profesional acreditado y con una adecuada formación.

Lo realmente importante es dar el paso, aunque sea pequeño, de analizar tu situación y buscar recursos, si lo necesitas... hasta el viaje más largo empieza con el primer paso...y cada día que pasa el estrés excesivo puede perjudicar más tu vida.